jueves, 3 de septiembre de 2015

Walk away.

Llegas al edificio, como otro día cualquiera y recorres los pasillos casi sin pensar bien si ese es el camino correcto, pero lo has hecho tantas veces que presientes que lo será. Miras a tu alrededor, nadie parece diferente pero sin embargo todos están más felices que de costumbre.

Observas cada detalle de cada persona con la que te cruzas y con cada detalle insignificante de todos y cada uno de los corredores y aulas que pasas. Empiezas a darte cuenta que hay cosas que están ahí desde siempre pero nunca le has dado el valor que tal vez merecían.

De repente, empiezas a pensar y tu mente se inunda de recuerdos; buenos y malos, cientos de vivencias que llevarás en el corazón siempre, que sabes que te han hecho ser mejor persona y aprender de todos y cada uno de ellos, pero a su vez, uno tras otro sin control calan tu cerebro y piensas ¿cómo ha pasado tan rápido el tiempo?

Aún recuerdo a la niña acobardada y con miedo que entró por esa puerta hace unos años desganada e inquieta porque no sabía que secretos escondería aquel edificio y en qué cambiaría su forma de ver el mundo; y ahora, apenas soy capaz de no emocionarme escribiendo esto, hay tantas cosas buenas aquí… aunque lo cierto es que, no todo lo bueno son cosas, es más, la gran mayoría tienen nombres y apellidos.

Si empezase a nombrar a todas las personas que me han dejado huella gracias a haber entrado aquí un día, probablemente me olvidaría de alguna, pero son tantas y todas tan importantes que si alguna vez leyeran esto, sabrían que hablo de ellas.

Realmente tengo mucho miedo, porque dentro de apenas unas semanas empieza otra etapa en mi vida y la comienzo con el mismo miedo que empecé la que hoy despido con tanta tristeza. Y a pesar de todo, la ilusión está presente, cuando se trata de novedades, al fin y al cabo siempre se tiene aunque sea una chispa de curiosidad que abre las ganas de investigar y conocer por uno mismo, y sé que así será.

Hoy acepto el presente y me despido de una etapa que repetiría mil veces a pesar de todo. Ya sólo me queda decir gracias por lo vivido y avanzar con paso firme hacía lo que puede ser un comienzo de algo grande, A.