viernes, 13 de mayo de 2016

Drive you home.

Un día decides que quieres echar a andar,
pero no te queda carretera.
Entonces te fijas,
no has sabido aprovechar el asfalto.
Has derrapado entre tanta arena que te ha hecho resbalar,
no has sabido rectificar,
no has sabido superar,
quisiste correr antes que andar.
¿Dónde queremos llegar con todo esto? Un día te dicen que el tiempo es oro y lo tomas al pie de la letra. Sin ni siquiera pensar, echas a correr; te asustas, no miras atrás solo mueves los pies y pisas lo más ligero posible, lo suficiente para no caer y ganar velocidad, pero un día ese paso ligero pasará factura. Donde antes había asfalto ahora solo hay restos de tierra, arena resbaladiza, que no te preocupas de mirar, y eso te hará caer, caer muy alto, porque aunque no te dieses cuenta, estabas cruzando un camino, de esos que te marcan.
Entonces comienzas a caer. Sientes un vacío infinito bajo tus pies, igual que esos sueños en los que te despiertas sobresaltado. Ahora miras a tu alrededor y vuelves a hacerlo, vuelves a ti mismo, comienzas a pensar de nuevo, dónde estabas, qué ha pasado. No sé si sería realidad, pero esta no era tu realidad. Te empeñaste en luchar y correr con tantas ansias, que ya no recuerdas dónde estaba la meta, ni siquiera si merecía la pena llegar hasta allí. Solo sabes que un día te dijeron que luchases por lo que querías y que no parases hasta conseguirlo, que cada segundo que pasaba era una oportunidad perdida y que los trenes solo pasan una vez.
Pero, ¿has observado lo bonitos que son los andenes? En los que te das cuenta de lo que tienes y de lo que has dejado atrás, mientras esperas que llegue el momento de irte a alguna parte a empezar de nuevo o continuar, para seguir escribiendo una historia, esa tan importante a la que llaman vida, tu vida. Y entonces cuando el tren se para, tomas la determinación. No recorres las vías a pie para intentar que llegue antes, solo esperas a que llegue el momento adecuado, y cuando llega, simplemente lo sabes. Y todo empieza cuando te subes, despacio y con calma, miras el recorrido que te queda por delante y te sientas. El asistente entonces te pide el billete con una sonrisa, como si supiera que ese viaje es el definitivo, el tuyo, y entonces se va. Justo en ese preciso momento, cuando sientes el movimiento en tu cuerpo, sabes que esta vez lo has hecho bien.
Comienzas a disfrutar las vistas, sus bonitos paisajes y aunque de vez en cuando se cruce algún túnel, sabes que siempre hay salida y que ese viaje, es el tuyo y que si no lo disfrutas, nadie lo hará por ti. Y cuando respiras hondo durante unos segundos, el tiempo se detiene ante tus ojos, aprecias todo lo recorrido hasta entonces, cada momento vivido, que son los que al final te acabaran marcando en lo que eres y serás, A.

martes, 19 de enero de 2016

Shadows.

Sombras, ¿qué seríamos sin ellas? Al fin y al cabo nos siguen a todas partes, sobretodo cuando más brilla nuestro día, cuando no estamos asustados.
He perdido la cuenta de las veces que no he conseguido librarme de ellas, por mucho que lo intente, siempre acaban encontrando un rayo de esperanza para conseguir estar paralelo a él y reflejarse en la oscuridad.
No sé que sería de mí sin ellas. Nuestra relación es un amor-odio constante; cuando llegan quiero que se vayan pero a veces echo de menos algunos sentimientos, esos que me ayudan a conseguir plasmar aquí mis emociones.
Somos como enfrentarnos en una guerra, una de esas en las que aunque no uses armas puede a llegar a doler más que una bala de plata; una de esas que no sabes si traerá la paz o si algún bando conseguirá alguna vez ganar; una de esas que ya has perdido la cuenta de batallas disputadas y de alguna forma siempre estamos empatadas.
El otro día me di cuenta que una de todas ellas, que una sombra vive conmigo. En un lugar cercano y apartado a la vez; no puedo verla, pero sé que está ahí y creo que algún día conseguiré ponerle nombre propio y entonces podré tutearla.
Hasta entonces, solo puedo desearle suerte a mi yo del futuro, para que consiga saber llevarlo mejor que mi yo del pasado; mejor que la que se ha visto vencida en numerables batallas pero sabe que este no es el fin de la guerra, A.