lunes, 17 de agosto de 2015

I need an anchor.

¿Quién me hizo creer que no era lo bastante fuerte? ¿Quién pensó que acabaría cayendo una vez más? Sabes, no sé si estarás leyendo esto o si alguna vez lo harás aunque me gustaría informarte de que lo siento, pero no lo has conseguido. 

No sé las veces que me has podido demostrar que eres mi peor enemigo y mi mejor aliado a la vez en partes iguales, pero eso no significa que no duela; es mas, duele y mucho. Realmente necesito poder estabilizarme, tener la tranquilidad de no depender de nada ni nadie, el problema está cuando descubrí que yo era mi propio problema y también mi solución.

Ni siquiera sé si todo esto tiene sentido pero necesito que por una vez lo tenga, que todo esté a mi favor, porque quiero y necesito ser yo  y no de nadie y mucho menos de nada, ninguna inseguridad, no más. 

Necesito un ancla, necesito la estabilidad que me pueda dar una de ellas, pero necesito también tener la mía propia, o mucho mejor, no necesito un ancla, necesito ser una, para poder apoyarme en ella o dejarlo de hacer cuando lo necesite, por fin ser de una vez independiente. A partir de hoy seré un ancla, mi propia ancla, A.

jueves, 13 de agosto de 2015

Puntos de vista.

Me gustaría entrar en la mente de los demás aunque sea tan solo por un momento y ver a través de sus ojos el mundo en el que vivimos, que aunque sea el mismo, estoy segura que se ve tan diferente... todo depende de la persona, de los ojos que miran, de las ganas con las que vean y sientan, de las situaciones tan diferentes que han llevado a esas personas a mirar así; poder comparar la mirada de un niño jugando en el parque con la de un anciano observándolo en la distancia desde un banco sentado, pensando en qué ha dejado atrás; la de un adolescente feliz, viviendo su vida de manera joven como su edad y a la vez la de un adolescente al cuál su edad no le hace acorde con su madurez y el daño que haya podido llegar a sufrir; la de dos madres, la que acaba de dar a luz y apenas sabe cómo sostener a su hijo en sus brazos sin hacerle daño y la madre que los ha visto crecer y marchar, a emprender y vivir su propia vida. 
El mundo, que sitio tan maravilloso para los soñadores como yo, sin miedo a fracasar, a equivocarse, a lo que al fin y al cabo se le conoce como vivir; y sin embargo, tan dura y difícil para los que han sufrido en exceso, independientemente de su edad, pero a pesar de todo, no han tirado la toalla porque han encontrado una luz en la sombra, un ruiseñor que los guíe en la penumbra. Ojalá todos supiéramos la clave para ser feliz, aunque yo tengo la mía y es vivir, vivir sin temer e intentando dar lo mejor de mí, sin prisas, solo con ganas y amor, amor por la vida, A.

domingo, 9 de agosto de 2015

For the first or second time.

Supongo que todos alguna vez hemos tenido miedo de las primeras veces. Hemos sentido curiosidad e ilusión pero a su vez hemos tenido el sentimiento de no saber cómo, cuándo o dónde, por el simple hecho de ser inexpertos o simplemente ser nuevos en algo o con alguien, ya sean sentimientos desconocidos o dudas existenciales.

Nuestra primera presentación, la primera clase, nuestro primer amigo, nuestro primer examen , nuestra primera cita o el primer beso; Cuántas cosas de todas las de la lista recordamos a la perfección, cómo ocurrieron o cómo nos sentimos en esos momentos y otros muchos más que hemos ido viviendo a lo largo de nuestra vida. Realmente, cuándo no nos hemos sentido inseguros o cuándo no hemos tenido miedo en alguna de estas situaciones, y es que al fin y al cabo todos somos personas y por mucho que lo intentemos camuflar o disimular, el corazón y estos sentimientos están en un pequeño hueco que todos hemos tratado de ocultar alguna vez. 

Pero, espero no ser la única que admita que le dan más miedo las segundas veces que las primeras, ya que aunque alguna vez hemos sentido o hecho eso antes creemos que puede ser más fácil, pero no es así. La inseguridad que puede llegar a salir para cuestionarte si estás haciendo bien o no las cosas, si serás feliz así o si solo será una caída más. 

Pero, ya sean las primeras veces o las segundas las que nos hayan hecho dudar de nosotros mismos, la conclusión es que merece la pena correr el riesgo de hacer algo por iniciativa propia y hacerlo bien, o al menos aprender de ello para sacar algo bueno que nos ayudará en un futuro a hacernos más seguros de nosotros mismos por lo que somos y por cómo hacemos las cosas, A.